COSAS QUE PASAN
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20/1/14

Todo conocer es interpretativo

Todo conocer en el hombre se sustenta en una interpretación. El acceso a lo real nunca es directo, está mediado por el modo de sentir y pensar la realidad. 

El mix de la herencia genética y el bagaje cultural son los ejes que constituyen la forma de percibir, sentir, pensar y relacionarlos con el mundo como punto de partida. A ello hay que añadir nuestro actuar libre, para ir modelando lo anterior.

Me comentaba hace un tiempo un amigo neurofisiólogo el por qué los animales no tienen insomnio y nosotros los humanos sí. Ellos despiertan a la naturaleza, me decía, y nosotros despertamos a la cultura.

Traigo esto a colación por motivos eminentemente prácticos y concretos, lejos de pretender entrar en planteamientos teóricos o divagar sobre aspectos excesivamente abstractos.

Me explicaré. Tendemos a creer que "lo que nosotros vemos" es igual a lo que ven los demás. Asímismo, también es frecuente que consideremos que "lo que nosotros vemos y cómo lo vemos" es la manera "correcta" de hacerlo.

Por ahí empiezan gran parte de los problemas para entendernos los humanos.

Aceptar que mi interpretación es mía, pero no tiene por qué ser necesariamente la de los otros es algo deseable, pero nada frecuente.

También quiero incidir en algo básico y fundamental: el hecho de que tenga ese aspecto subjetivo, que sea mi interpretación, no le resta valor; al contrario, es mi forma y modo de percibir y entender. Ahí está su valor, y también esas son las lindes de su valor: yo puedo defender cómo yo veo las cosas. Lo que eso no me legitima para creer que necesariamente es como los demás deben verla, y menos aún, que es la única manera de verlas porque creo que la realidad que veo tiene una única lectura, la mía.

Si este pequeño problema se pudiese subsanar estoy convencido que se habría dado un paso de gigante para mejorar nuestra comunicación y convivencia.

5/1/14

La naturaleza de las cosas

La naturaleza de las cosas parece estar oculta, a resguardo de poder ser observada y conocida. Lo que se nos muestra es su aspecto externo, su superficie, su “apariencia”. Pero lo mostrado no permite ver el entramado que lo sustenta, si acaso posibilita intuirlo, aproximarse de forma táctil, conocer sus zonas rugosas y sus zonas suaves, sentir sus formas sinuosas. 

Pero, a pesar de todo ello, es posible captar lo que subyace, lo que está latente, lo que da consistencia y posibilita, por ende, su existencia, su ser real. Para poder conseguirlo es necesario utilizar el método adecuado que abra lo que está cerrado, que destape lo tapado, que llegue al espacio inaccesible.

Tal vez no sea necesario todo esto. Puede que lo único que exista es lo que vemos: su apariencia/presencia; es posible que la naturaleza que lo constituye esté justamente en la forma en que se presenta, que ella misma sea contenido y continente, forma y fondo, cualidad y cantidad.

Es difícil saber y conocer la urdimbre de lo real, los procesos constitutivos de la existencia. Seguramente es tarea de dioses y no de humanos llevar a cabo tal fin. Posiblemente, pretender tal cosa no es ya producto de la curiosidad innata en el ser humano, sino, más bien, consecuencia de la soberbia omnipotente que se ha ido instalando en la conciencia y en el corazón del hombre.

De cualquier forma, tanto ontogenética como filogenéticamente, el ser humano ha estado y está necesitado de formularse preguntas acerca de la ultimidad de la realidad que lo circunda y que lo constituye, y de encontrar respuesta a todo ello. Proceso éste inabordable pero, a su vez, inherente a su ser y estar en el mundo.