COSAS QUE PASAN

11/4/19

Sólo el Ser es (extractos de “Esto es”) Por Hari Vansh Lal Poonja (Papaji)


Ser es lo que tú eres.
Tú eres Ese profundo Misterio
en donde las experiencias y los conceptos se manifiestan.
El Ser es el Momento donde nada viene y va.
Es el Corazón, el Atman, el Vacío.
Brilla para Sí, desde Sí, dentro de Sí.
El Ser es lo que da aliento a la Vida.
No necesitas buscarlo porque está Aquí.
Eres el Vehículo de tu búsqueda.
¡Eres lo que estás buscando!
Y Eso es Todo lo que hay.
Sólo el Ser es.

Antes del comienzo, ya eres la Consciencia pura.
Eres la Plenitud del Amor en el Amor
y el Vacío de la Consciencia.
Eres Existencia y la Paz más allá de la paz.
Tú eres la pantalla donde todo es proyectado.
Eres la Luz del Conocimiento,
Aquel que le dio el concepto de la creación al creador.
Olvida lo olvidable y reconócete
como aquello que jamás se puede olvidar.
Tú eres el Sustrato sobre el que todo se mueve.
Deja que se mueva.
Tú eres Esto.
Tú eres Ahora, tu eres la cualidad del Ahora.
¿Qué “Yo” puede existir fuera de este Ahora?
Tú eres la Verdad y solo la Verdad Es.
Nunca has nacido, y aunque es sólo el deseo el que se encarna,
¡nunca ha sucedido nada, nunca ha existido nada!
Tú eres esta Nada, y esta es la Verdad suprema.
Te encuentras totalmente solo, porque sólo la Belleza es.
Sólo el Ser es.

Todo aquello a lo que estás apegado, todo aquello que amas,
todo aquello que conoces, desaparecerá algún día.
Ser consciente de esto, y de que el mundo es tu mente,
con la que creas, actúas y sufres,
se conoce como discriminación.
Discrimina entre lo real y lo irreal.
Lo conocido es irreal y así como viene se va,
permanece en lo Desconocido, en la Verdad Inmutable.
La discriminación destruye el apego
exponiendo lo transitorio, la naturaleza ilusoria,
del objeto al que te apegas.
Todo lo que aparece y desaparece no es Real,
y carece de todo néctar, así que no te aferres a ello.
Una vez que lo hayas soltado no retornes a ello.
Permanece como Eternidad en tu propio Ser.

Sé como eres donde quiera que estés.
Si haces esto en un instante comprenderás
que tú eres lo que has estado buscando
durante millones de años.
No hay búsqueda.
La búsqueda es para encontrar aquello que anda perdido,
pero cuando no se ha perdido nada
no tiene sentido la búsqueda de un objeto.
Aquí simplemente Aquiétate.
No remuevas ningún pensamiento en tu mente,
y Entonces sabrás quién Eres realmente.

Hay tres razones por las que la búsqueda y la práctica
son una soberana tontería, sirviendo solo para confundir
con el ardid de la aguda mente postergando la Liberación.
La primera es porque crea un buscador.
Lo cual, reafirma la idea de que existe un individuo sufriente
separado de la Libertad, y de que el Ser
es “otra cosa” que está fuera del Aquí y el Ahora.
La segunda es la búsqueda.
La búsqueda es una distracción que obliga a la postergación
y a un sufrimiento tan interminable como innecesario.
La Búsqueda promueve las religiones, las tradiciones,
los caminos espirituales a los que adherirse;
que sólo sirven para atraparte más y más profundamente en la ilusión.
La Verdad está sólo Aquí y Ahora,
Pero la búsqueda dice que está en el mañana.
La tercera razón
es que la búsqueda crea un objeto a encontrar,
lo que la convierte en la trampa más sutil y engañosa.
Cuando comienzas la búsqueda tienes una idea, un concepto
de lo que andas buscando.
Como la naturaleza de maya, de la ilusión,
es que cualquier cosa que pienses, se manifiesta
y obtendrás cualquier objetivo que te propongas conseguir.
De eso no hay duda: todo lo que pienses se te hace realidad.
¡Así que con la búsqueda, creas y luego obtienes
aquello que crees andar buscando!
Cualquier reino de los cielos
o alto estado espiritual que ansíes alcanzar,
lo alcanzarás
después de haberlo conceptuado y creado tú mismo.
Después descansarás satisfecho en tu propia trampa
Pensando que ya has obtenido tu “reino de los cielos”.
Esta es tu cuento de la lechera, tu libertad hecha a medida.
Con tus propias creencias y condicionamientos
dictando cómo debe ser el Altísimo.

La Verdad está más allá de cualquier
pensamiento, concepto, o condicionamiento.
Verdad es lo que tú eres, y sólo la Verdad Es.
Así que abandona tu búsqueda, simplemente Aquiétate,
No estimules ningún pensamiento ni hagas esfuerzo alguno,
y la Verdad se te revelará por Sí misma y a Sí misma.
Toda práctica acarrea un ego
que refuerza la relación sujeto-objeto.
Toda practica se lleva a cabo
a través de los sentidos y del cuerpo-mente,
lo cual reafirma la identificación con el cuerpo-mente.
Cualquier identificación es una identificación errónea.
Te conviertes en cualquier cosa que pienses,
así que si piensas en el nombre y en la forma
estás pensando en el ego-mente-mundo-sentidos-ilusión.
Si es absolutamente necesario que pienses,
Piensa entonces en Existencia, Consciencia,
Éxtasis. Aunque lo mejor es simplemente saber que
“Yo soy Eso, Yo soy Brahman”.
La práctica directa es en el Ahora mismo, simplemente Siendo,
sin esperar al siguiente momento o al siguiente pensamiento
o a la próxima vida para llevar algo a cabo.
La práctica directa es el Éxtasis de tornar tu cara hacia el Ser,
la práctica directa es honrar tu propio Ser,
la práctica directa es Existir.

5/1/19

Perplejidad y desconcierto (escrito en 1997)

La perplejidad y el desconcierto son características que acompañan el sentir de los seres humanos en este final de siglo. Se pueden aducir múltiples razones que explicarían el por qué de esto. Las distintas disciplinas de las llamadas ciencias sociales aportarían su marco explicativo desde sus distintos puntos de aproximación. Todas conectarían con una parcela de la realidad y sus aportaciones serían plausibles por reveladoras, aunque sus conclusiones difiriesen unas de otras debido a que su objeto de análisis corresponde a un fragmento, a veces muy pequeño, distinto entre ellas, de ese todo que llamamos realidad.

Por aquí empiezan los problemas básicos, constitutivos de nuestro mundo moderno, cuales son la fragmentación de lo real en esferas y áreas, sobre las cuales se aplica una determinada “racionalidad” que es operante sobre las mismas, pero ineficaz en todo punto a la hora de dotar de razones a ese continuum que es lo que configura eso que venimos llamando realidad.

Esta fragmentación y parcelación presentes en el mundo científico, que ha sido y es su modus operandi, inunda otros ámbitos, fuera de la ciencia, y constituye un sistema de pensamiento plenamente hegemónico, que intenta, desde ahí, dotar de sentido y dar valor al conjunto de aspectos que configura nuestro mundo. Obviamente ello se torna en tarea harto imposible, ya que los criterios utilizados para las partes no funcionan con respecto al todo. Se podría decir que es “irreal” pretender que ello sea fructífero, ya que existe una distorsión previa y fundante sobre la percepción de ese Todo acuñado bajo el morfema real-idad.

Pero la perplejidad y el desconcierto, siendo la razón aludida anteriormente una de las principales, sino la principal, también surgen como consecuencia del inicio de fractura de los campos de sentido que hasta ahora han venido otorgando las distintas ramas de las ciencias sociales, haciendo que su grado de operatividad empiece a estar cuestionado. Es decir, el camino seguido ha sido fructífero dentro de unos parámetros sociales, económicos, culturales, etc., pero en estos momentos deviene la obsolescencia al no poder dar respuesta-razón  acerca del mundo en el que estamos inmersos, no sabiendo si quiera la urdimbre que lo constituye en este final de milenio.

Otro elemento importante que está presente en esa perplejidad y desconcierto que siente el ser humano tiene que ver con la complejización de la sociedad actual en la que habita y la falta de respuesta-explicación que se puede dar en estos momentos. Dicha complejización actúa en varios sentidos. Por un lado, el entramado social, su estructura y los elementos que la constituyen, son bien distintos de los que existían hace relativamente poco tiempo. Los modelos interpretativos tradicionales ya no sirven. Esto es debido a que las relaciones micro y macro-sociales han variado. El papel de la comunicación, su desarrollo, es responsable en buena medida de ello. Además, las variables que constituyen el nuevo marco han dinamitado las fórmulas que permitían realizar estudios prospectivos (hoy existen más variables que fórmulas para resolverlas). Esto también es debido al constante cambio que se produce en los distintos campos de la sociedad: lo que hoy sucede en los distintos ámbitos (económico, político, social, laboral, etc.) puede ser muy diferente mañana, lo cual dificulta enormemente el encontrar modelos explicativos ante una realidad tan dinámica y poco previsible.

Pero por debajo y por encima de todo lo que aquí se viene exponiendo, hay un problema que late en el fondo de toda esta cuestión y que tiene que ver con eso que se ha denominado modernidad, y que se ha ido constituyendo sobre un universo de sentido a lo largo de los últimos siglos. El vértice básico sobre el que se ha asentado ha sido sobre la idea de la emancipación del sujeto a través de la herramienta de la Razón. Herramienta que abre las puertas al conocimiento y al control de lo real, y por tanto elimina elementos de incertidumbre en las vidas de los individuos. Esta ha sido la ideología fundante sobre la que se ha asentado no sólo el desarrollo científico sino también el mundo axiológico y experiencial de los seres humanos, al menos en Occidente. Las dificultades empiezan a surgir cuando esta Razón ya no puede explicar la nueva realidad existente, cuando en su nombre la humanidad ha cometido todo tipo de barbaries, y cuando se empieza a vislumbrar que ésta obedece a un tipo de razón, no la única,  que llevada a sus últimas consecuencias se torna en una ideología deshumanizadora y que aplasta a la persona.

La irrupción y desarrollo del mundo moderno se ha constituido bajo la idea de Progreso. Sin duda esto ha sido así en muchos ámbitos: el científico-técnico, la mejora en las condiciones de salud e higiene, el crecimiento en las expectativas de tiempo y calidad de vida, el acceso a mejores y mayores niveles de confort social, el desarrollo de los transportes que ha permitido acortar la distancia entre los pueblos, el reconocimiento del individuo como sujeto de derecho, etc.; al menos esto ha sido válido para gran parte del mundo occidental. Pero, el Progreso a medida que se ha ido conformando como ideología, con la pretensión, como toda ideología, de abarcar la totalidad de los ámbitos sociales, ha generado un proceso de expectativas ilimitado en los seres humanos que ha desnaturalizado la misma idea que lo constituyó y ha alejado/enajenado al individuo de su “ser” y de su “mismidad”.

En este fin de siglo y de milenio el hombre anda tras la búsqueda de “algo” que no sabe lo que es. Esto provoca desazón e incrementa exponencialmente la sensación de inseguridad, presente siempre en alguna medida en el decurso de la vida humana en cualquier época.

Pero, volviendo al tema de la Razón, hay que señalar dos aspectos importantes que han hecho de Ésta una idea desvirtuada en la actualidad.

El primero hace referencia al paso dado en el transcurso de los años de la primacía de la Razón, como instrumento para entender y modificar la realidad, pero operando dentro de ella y, por tanto, manteniéndose en los parámetros de mesura y discreción necesarios para obtener tal fin, al surgimiento del racionalismo que, siendo constituyente y constituido en visión del mundo, en formación de ideologemas, por este carácter que lo define, participa básicamente de un planteamiento idealista, con lo que se aleja de la capacidad para captar y modificar el mundo de lo real.

El segundo aspecto guarda relación con la intermediación cada vez mayor entre sujeto y objeto de elementos simbólicos. La presencia que está adquiriendo en los últimos tiempos el mundo de lo simbólico como forma de aproximación y, por tanto, de relación con lo otro/los otros, proveniente muy fundamentalmente del campo de la comunicación y del discurso generado en el seno de la sociedad de consumo, está provocando una perversión en los procesos cognitivos y valorativos de los individuos con respecto a la realidad en que viven. Dicha perversión hace que los sujetos se muevan, actúen y se relacionen no por el valor y significado que tengan y den a las cosas, sino por el valor simbólico que posean éstas socialmente; es decir, por el valor asignado (valor de cambio) en el juego de representaciones sociales que se ha ido incorporando al imaginario colectivo.

El problema, por tanto, no está en esa intermediación simbólica, que es un hecho consustancial al ser del hombre, sino que lo que básica y, a veces, únicamente, se percibe no es lo objetal sino la representación simbólica, conformada y legitimada desde el discurso social dominante, de dicho objeto.
En definitiva, este proceso está marcando muy profundamente este extrañamiento que siente hoy día el sujeto ante el mundo en el que vive.

El hombre se siente desazonado pero muchas veces no sabe el por qué, y cuando lo sabe se encuentra impotente para modificar aquello que es causa de su desasosiego. Este sentimiento de impotencia es otra de las características que acompañan al hombre actual. La impotencia opera no desde bases “reales” sino desde todo el entramado que se ha venido señalando anteriormente. El sujeto puede luchar y actuar en el plano de lo real, pero su lucha se convierte en permanente derrota cuando su punto de mira no es la realidad sino el mundo de lo simbólico y, por tanto, el mundo de lo fantasmagórico. Es imposible solucionar/derrotar a algo que carece de sustancia y de consistencia en sí mismo.

Desenmascarar y desentrañar esta situación es sin duda tarea arduo compleja, sobre todo cuando faltan herramientas y modelos desde donde poder hacerlo, o las que hay son incompletas o se han quedado obsoletas, pero es importante conocer como opera en los individuos todo este proceso; es decir, como se percibe y valora desde sus vidas cotidianas esta desorientación en la que se encuentra el hombre actual. 

1/11/18

Sobre creencias, certezas y juegos



 Imaginemos que nada sucede, que todo es quietud y silencio, que no hay movimiento, ni agitación ni cambio. Imaginemos, además, que todo es perfecto en la quietud. Imaginemos que todo es uno, que la fragmentación y división no es más que una creencia que se ha perpetuado y se ha convertido en hábito (mental), y que cada uno de nosotros forma parte de esa unidad. Imaginemos que eso que percibimos y llamamos todo es todo y es nada, siendo ambas cosas la misma realidad.

Imaginemos que todo es eterno, sin principio ni fin, y que lo es porque es y está fuera del tiempo, en el no-tiempo. Imaginemos que yo y tú somos la misma realidad, plasmada en distintas manifestaciones y planos.

Ahora, imaginemos que la realidad está fragmentada, que el movimiento hace que las cosas cambien, que la realidad esté sujeta a las leyes del cambio, generando realidades distintas como consecuencia del transcurrir del tiempo y de los procesos transformadores que la acción impone. Imaginemos que yo soy diferente, distinto de ti, y que existe una separación de espacio, de consistencia, de estructura y de funcionamiento respecto de ti, de todos los demás y de todo lo demás.

Imaginemos que lo que empuja el cambio son las decisiones y acciones que llevamos a cabo en relación con eso que percibimos como realidad. Imaginemos que avanzamos o retrocedemos respeto a criterios generales y universales. Imaginemos que lo que percibimos enlaza con lo percibido.

Ambos ejes, paradigmas o como quiera llamárseles, pertenecen a un sistema de creencias.

31/10/18

Breves apuntes sobre el mirar


La manera de mirar configura lo mirado.

Es esta premisa básica la que constituye nuestra percepción de eso que llamamos realidad. Pero no sólo afecta a lo que vemos y percibimos a través de los sentidos; también, y sobre todo, a lo que interpretamos sobre eso que estamos atendiendo. De modo que nuestra relación con lo real, la experiencia que tenemos de esa relación, se conforma a partir de nuestra manera de mirar y de conectar.

En definitiva, nuestro vivir está constantemente inundado de acontecimientos, siendo éstos de diversa índole, incluso de distinta intensidad, aunque la intensidad viene ya constituida por nuestro mirar; pero  creo que de lo que se trata no es sólo, ni siquiera fundamentalmente, de las características de esos acontecimientos, sino de la manera en la que nos relacionamos con ellos y los gestionamos.

26/10/15

El descreimiento del sistema

Estamos ocupados y preocupados por conseguir salir del atolladero económico, social y político en el que nos encontramos. En ello se centran los análisis, los planes estratégicos de todo tipo y las prácticas ensayadas hasta la fecha. Es lo que se dice, de lo que se habla, y lo que nos mantiene atentos.

Todas las miradas y las acciones giran en torno a conseguir una mejora sustancial en el buen funcionamiento del sistema, a corregir los errores, a modificar las obsolescencias, a implementar políticas de saneamiento, de activación y de reequilibrio, a eliminar prácticas corruptas, etc; en definitiva, a generar una estructura económica (sobre todo económica, la sacro-santa economía), política y social, que engrase la maquinaria y que redunde en el bien común.

Pero apenas se pone de manifiesto, al menos en lo que yo conozco, otro aspecto fundamental que está teniendo cada vez más presencia, y que de momento pasa de soslayo; cual es, el creciente descreimiento del sistema.

Intentaré explicarlo brevemente. Cada vez existen más personas, sobre todo jóvenes, que su cuestionamiento, más allá del buen o mal funcionamiento del modelo socio-económico y político existente, es el de que no se sienten identificados con lo conocido. Para estos jóvenes (y no tan jóvenes), el mundo de vida que se les plantea, incluso en el mejor de los escenarios, no les motiva, no es lo que ellos sienten que quieren. 

Esta postura no se traduce en una reivindicación de carácter revolucionaria, como sucedía en el siglo pasado. No se trata de una demanda política articulada, es algo que aun no se ha constituido en discurso, porque está asentado en el ámbito difuso de su mundo de vida. Por tanto, no hay demanda política, ni económica, ni siquiera social, pero sí existe un rechazo profundo del modelo en el que han vivido. 

Pero el rechazo de lo conocido, manifestado en modo de insatisfacción, no sintiéndose identificados con muchas de sus normas, valores y sistema de creencias, muestra algo muy concreto, aunque nada tangible: el descreimiento del sistema actual.

Tal vez merezca la pena estar algo más atentos a este incipiente proceso anómico de algunos sectores de nuestra sociedad, para que nos ayude a entender más y mejor el mundo en el que vivimos, y buscar soluciones más eficaces, si es que hay que solucionar algo.

15/7/15

Algunas cuestiones sobre el poder y el miedo (1)

Tenemos tan interiorizado en nuestro código genético y cultural el miedo, que el ejercicio de poder y dominación que ejercemos los humanos, unos sobre otros, apenas lo vislumbramos, si es que lo llegamos a vislumbrar.

Hablar de esto ya sé que es tan antiguo como hablar de la historia de la humanidad, o, al menos, desde que el hombre (y la mujer) fue expulsado del paraíso, acudiendo a la narración mitico-simbólica.

Los modos y maneras en que hemos ejercido el poder han ido cambiando a lo largo de la historia. Se ha pasado de prácticas más a menos cruentas, de prácticas más visibles a más sutiles, de más generalizadas a más localizadas. Pero, de cualquier modo, siempre ha tenido, en cualquiera de sus formas, dos ingredientes básicos: uso de la violencia (física, material y/o simbólica) y miedo.

Pero, estos ingredientes están en todos los actores intervinientes. Quiero decir que no es que el uso de la violencia solo pertenezca a los dominadores y el miedo a los dominados, no. Tanto unos como otros participan de ambos aspectos; si bien, obviamente, lo hacen de modo e intensidad muy distintos. 

Los que ejercen el poder utilizan los resortes de que disponen para seguir teniéndolo, pero también tienen miedo. Si no lo tuvieran, si realmente estuvieran desprovistos plenamente de miedo, no sentirían ninguna necesidad de dominar, controlar y ejercer violencia sobre otros.

Los individuos y grupos que padecen el dominio, no solo tienen miedo, sino que ese miedo se sustenta, en gran medida, en la aceptación implícita o explícita de que hay otros que tienen capacidad para ejercer el poder y la dominación sobre ellos. Es decir, en la aceptación va implícito dar poder al poder.

En nuestro mundo actual, se ha ido constituyendo una forma de poder (y control) mucho más sutil. Ya no es necesario que existan vigilantes y controladores externos, con capacidad coercitiva. El vigilante y controlador se ha trasladado, en buena medida, al interior de cada individuo, a su plano mental e imaginal. Es decir, existe autocontrol y obediencia. Esto no quiere decir que se sea consciente de ello; es más, existe todo un proceso de justificación (racionalización), con despliegue lógico-racional, que niega tal autocontrol.

Todos tenemos ejemplos cercanos, sea en el plano individual o colectivo, sobre cómo operan el poder y el miedo en estos momentos. Conocemos la retórica que se pone en juego para maquillar los hechos, y para no decir lo que se ve, incluso para querer construir otro relato sobre lo que acontece.

Pero las preguntas del millón, al menos para mí, son: ¿se puede salir de este binomio poder-miedo?, ¿se quiere salir?, ¿qué hace falta para ello?

Cuando me planteo todo, no solo tengo la mirada puesta en lo que acontece en el plano social y político, sino, también, en el de las relaciones personales y con los próximos, incluso en la relación que mantenemos con nosotros mismos.