COSAS QUE PASAN
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9/12/13

Discurso social vs. práctica social

Escuchando y leyendo lo que se dice sobre la situación socio-económica y política que acontece, veo que hemos entrado en un terreno francamente pantanoso.

Me explicaré. Estamos en un proceso de descomposición social vertiginosa, donde cada vez hay más bolsas de pobreza a la vez que hay un núcleo de ciudadanos minoritario que incrementa su riqueza y, lo que es más grave, ahonda su diferencia con respecto a los grupos sociales más desfavorecidos.

Este hecho fragmenta y descohesiona el tejido social, inaugurando un sendero de anomia social.

En paralelo, se genera y fomenta un discurso dominante tendente a eliminar al sujeto(s) causante de esta situación, y se habla de ciclos, de mercado; es decir, de enunciados donde el sujeto de la enunciación no está, no existe o no es posible concretarlo en ningún individuo, grupo o institución

Asimismo, crece un estado de opinión, apuntalado por un grupo de voceros del statu quo (muchos no saben que cumplen esa función), que se empeñan en centrar la solución exclusivamente en cambiar el estado de ánimo de las personas como fórmula demiúrgica para la salvación. De paso, con ello hacen caer la responsabilidad del "statu quo" socio-económico en los individuos que padecen la situación y de la que no son en absoluto responsables.

Además, hay una tendencia muy asentada en la población, que considera que "las cosas se solucionan con el tiempo" o son otros los que han de solucionarlo. Por cierto, que esto último es sin duda sobre todo tarea de otros, de los que tienen más responsabilidad, pero lo que no se percibe, ni se entiende aún del todo, es que a todos nos toca asumir la nueva realidad si queremos salir adelante, y eso pasa inevitablemente por introducir cambios en nosotros.

Unido a todo ello, se dice también que esta crisis es consecuencia de una crisis de valores. Y sin duda lo es,pero no sólo. Además, cualquier crisis también lo es de valores. Pero pareciera que es algo malo cuando se afirma esto, y no tiene por qué ser así. Es más, en concreto en esta situación creo que la crisis de valores ha sido una consecuencia y no la causa, pero ese es un tema que habrá que dejar que el tiempo transcurra para poder analizarlo con mayor perspectiva.

Por último, hay algo que es lo que me parece más preocupante de todo. Cuando se lanzan pronósticos sobre el futuro, o se "detectan síntomas de final de la crisis", me consta que obedece a una pura cosmética, que consiste en coger datos aislados, y forzarlos para que encajen con un deseo que se consolide como un estado de opinión, pero no conozco aún ningún informe realmente riguroso que permita avalar algo así. En ese diseño cosmético se magnifican datos, que ni siquiera se sabe si son coyunturales o estructurales, pero se les señala como inicio de cambio de tendencia.

En definitiva, hay una saturación de "lugares comunes" con la pretensión de elevarlos a categoría de ciencia o de descubrimiento relevante. Estamos aún en el magma de la confusión, propio de todo proceso de transformación social y económica.

Sería muy necesario que centráramos nuestra atención, como ciudadanos, en observar las prácticas sociales que se derivan de los discursos que circulan. Es decir, ver qué grado de correspondencia hay entre los "decires", los "haceres" y las representaciones simbolico-sociales que se configuran. Si se constata que las diferencias entre esos planos existe, incluso que hay divergencias significativas entre ellos, sería tal vez deseable analizar en qué consisten, y que, posteriormente, tras conocerlas tornásemos nuestro mirada personal y colectiva hacia una ética de bienes, superando (e incluyendo) la ética de valores, que tantos problemas y conflictos ha acarreado a la historia de la humanidad.

23/8/13

Ética de bienes vs. ética de valores

Leyendo las noticias de los medios, leyendo lo que se dice en las redes sociales, y viendo lo que acontece en nuestro mundo constato, una vez más, lo poco para lo que sirven las palabras. Y es curioso, porque siempre he sido un defensor de ellas, de su fuerza y capacidad para transformar las cosas, para generar imaginarios nuevos que se transvasen al mundo fáctico. Tal vez en estos momentos sufra un ataque de pesimismo, no sé, o de urgencia, ante lo que pasa en este pequeño universo en el que habitamos.
Pero hay algo que sí me gustaría comentar. Detecto, al menos por lo que oigo y leo, que existe un estado de queja y de reclamo de ética. Eso me parece muy positivo, y lo digo sin ningún tipo de ironía. También percibo que las demandas no son por algo que esté sucediendo ahora, no, es algo que viene sucediendo de muy atrás, y esto ya no sé si quienes nos quejamos somos suficientemente conscientes de ello.
Pues bien, ante esto señalaré dos cosas que creo que son importantes, al menos para mí: la primera es que ese estado de rechazo de la inmoralidad e injusticia me parece que es consecuencia de un desvelamiento de cómo funcionan las cosas, y, además, se produce porque es a nosotros a quien ahora “nos aprieta también el zapato”. Ambas causas están, creo yo, en nuestro posicionamiento actual.
La segunda, creo que es más sutil y compleja, es que dicho posicionamiento en que nos encontramos, de reclamo de mayores niveles de ética y de justicia social, puede tener un efecto paradójico, de manera que no es que no sirva para nada, sino que sirva para todo lo contrario. Me trataré de explicar. Estamos en un  momento fuerte de defensa de valores como justicia, equidad, honestidad, etc. Es decir, estamos en la defensa de aspectos que tienen que ver con la dignidad humana, pero desde una perspectiva ideal. Cuando solo miramos como deben ser las cosas, cuando solo reclamamos valores, perdónenme la incorrección política que esto que digo representa, y no entendemos realmente como funcionan las cosas, y desde ahí, como hacerlas frente para conseguir que funcionen mejor para todos, lo que se produce son dos cosas: estamos en el muro de las lamentaciones, pero como muro, rebota y rebota; y en segundo lugar, nos genera irritación porque nada cambia, lo que incrementa nuestra defensa de “lo que debe ser”, y se puede convertir en un mantra estéril.
¿Cuál es para mí la razón, o las razones de esto? Volveré a ser, con el permiso de los posibles lectores, políticamente muy incorrecto. Vivimos en una sociedad donde los valores juegan un papel demasiado importante, tanto que nos impide a veces manejarnos de manera más eficiente con la realidad. En estos momentos, lo que tenemos todos es un fuerte subidón axiológico, si me permiten la expresión. Pero esto provoca, paradójicamente, que desatendamos una buena ética de bienes. Es decir, lo que planteo es pasar de una ética de valores, que tiene algunos efectos indeseados, al menos como yo lo veo, a una ética de bienes. Aclaro, que no estoy desechando los valores, sólo dimensionándolos dentro de una ética encaminada hacia el bien común.
Para mí, esa ética de bienes está guiada por actitudes y acciones dirigidas a la consecución del mayor grado posible de bienestar (en todos los planos). Y ello implica conocer realmente como funcionamos, cual es la lógica que mueve nuestro mundo, y desde ahí ir poniendo soluciones factibles, concretas y reales que redunden en una sociedad mejor, es decir, un mundo de mejor entendimiento y mejor funcionamiento para todos. Y tener presente que ese es el objetivo fundamental; lo demás, si ayuda a la consecución de ese objetivo bienvenido sea, sino, desechémoslo.
Sólo añadir, que sé que la mayor responsabilidad corresponde a aquellos que la tienen, que tienen más capacidad para actuar, pero estoy convencido que como ciudadanos podemos incrementar nuestro protagonismo en la vida pública y en nuestra sociedad en general. Ello, además, nos hará más ciudadanos y nos dará mucho más protagonismo.
Asimismo, soy consciente de que lo que aquí planteo necesita mucho más recorrido. Pretendo solo enunciarlo y no entrar en aspectos que escapan a este espacio.