COSAS QUE PASAN
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16/2/14

Construidos y constructores

Venimos a un mundo ya construido, hecho, con su historia, con su presente, a él nos incorporamos. Accedemos a lo que ya existe, al flujo de relatos que fijan la realidad, a los significados y sentido dados a las cosas. Todo eso está cuando llegamos cada uno de nosotros.
Nuestro proceso de integración en el mundo lo realizamos mediante nuestra aculturación en él. A partir de ahí, de nuestro aprendizaje y comprensión de cómo funcionan las cosas y cómo funcionamos nosotros con las cosas, del valor que se les dá y les damos, empezamos a ser nosotros constructores de mundo, a interactuar con los demás desde nuestro relato, nuestra aportación de significados y sentido. Es nuestro vivir desde la autonomía.
En éste nuestro vivir de forma autónoma, idea redundante, ya que todo vivir pleno es autónomo, vamos relacionándonos con el mundo y los mundos, poniéndonos en contacto desde nuestro mundo personal y social. Son nuestros relatos, nuestros significados y sentido los que se relacionan y construyen realidad a partir de lo dado.
Nuestro relatar y construir realidad lo hacemos a partir de lo heredado, de lo incorporado, incluso tal vez desde la aceptación plena de lo ya fijado; pero es un posicionamiento que ha pasado por una posición de distancia respecto de lo otro, de criba, y, sobre todo, de elección. Es decir, es un relatar a partir de lo ya dicho y hecho por los otros y por nosotros, pero desde un espacio de libertad interior, que se traduce en un actuar consciente.
En nuestro vivir, por tanto, vamos construyendo nuestro relato, y vamos creando realidad a partir de lo real. Para eso no existe caminos prefijados, ni recetas, ni ningún canon establecidos; somos nosotros los que diseñamos y trazamos nuestro camino. Pero, además, y sobre todo, vamos haciéndonos caminantes.
Sin duda que en el andar de cada persona habrá más o menos autonomía, más o menos libertad y, en definitiva, será un vivir más o menos pleno; pero, inevitablemente, lo queramos o no, todos vamos construyendo nuestro relato y nuestro vivir. Es decir, todos somos responsables del sendero que vamos diseñando y de la estela que va dejando.

11/12/13

La gestión del miedo

Hay un miedo natural, funcional, que surge ante un peligro externo. Se trata de una emoción adaptativa que tenemos y que nos resulta útil para la supervivencia. Nos sirve para anticiparnos y superar el peligro real que se nos presenta.

Sin embargo, existe otro tipo de miedos que guarda relación con nuestro modo ver, interpretar y posicionarnos ante nuestro entorno y, en última instancia, ante nosotros mismos. Se trata de un miedo que no está ajustado al hecho o causa que lo produce. Es, por tanto, un miedo que nace, se consolida y retroalimenta en nuestro interior.

Éste segundo tipo es al que quiero referirme aquí. Es fuente de un plus de sufrimiento gratuito y, sobre todo, representa un obstáculo para nuestro vivir y relacionarnos con nuestro entorno y con nosotros mismos.

Existen dos miedos básicos, que tienen una estrecha conexión con otros dos más profundos, que son:
  • El miedo al fracaso, ya sea a no conseguir lo que se desea o a perder lo conseguido.
  • El miedo al rechazo: no ser querido, aceptado, valorado, reconocido, etc.
Ambos, como antes decía, tienen una vinculación estrecha con: el miedo a ser como soy, es decir, a ser yo mismo; y el miedo a ser libre, es decir, a enlazar con mis deseos, con lo que yo quiero, y traducirlos en actos de vida.

Sea cualesquiera las causas del miedo, el primer paso para poder manejarlo es ser consciente, tomar conciencia y consciencia de que está, de los efectos que tiene sobre nosotros y, si es posible, de las causas que lo generan. 

Ser consciente y ensanchar nuestra consciencia es el primer peldaño para poder manejarlos, canalizarlos y gobernarlos; de tal modo, que no sean ellos los que nos gobiernen a nosotros. Mirar nuestros miedos cara a cara, es, a su vez, el primer paso para mirarnos a nosotros, no al personaje que hemos creado y alimentado, sino a quien soy yo.

A partir de quien soy yo y cómo soy yo, cuales son mis deseos y el sentido (valor) que tienen para mí las cosas, cómo trazar y realizar el camino hacia lo que quiero conseguir, con quien/quienes deseo hacerlo, y ponerme a ello. 

El miedo al que he venido refiriéndome siempre surge en el plano del pensarse, y se disuelve en plano del vivir y vivirse. La vida no entiende de miedos, es nuestro modo de percibirla y pensarla la que lo incorpora.




22/7/13

Como me planteo mi labor como coach

Se han escrito toneladas de páginas acerca del coaching. Muchos modelos, muchos enfoques, pero me gustaría decir, brevemente, algunas cosas sobre mi mirada personal en esta profesión.
Desde el momento que me sitúo frente al cliente, mi actitud es de pleno compromiso, sabiendo que mi trabajo se centra en facilitar “cosas”, sin imposición alguna, sin juzgar ni valorar. Mi función fundamental es la de ser un espejo ante el cliente, donde puede mirarse y verse. A veces, hay personas que no se ven, incluso no se miran, y a veces son capaces de mirarse y ver “cosas” que no habían descubierto. Además, comprueban que cuando miran hacia fuera, también se miran. Retorna un “sí mismo” siempre en el mirar y en el cómo lo hacemos; y, sin duda, vemos siempre algo nuevo.
Si tuviera que decir qué aspecto es más importante para mí de esta profesión, creo que el sentirte comprometido, confiando plenamente en tu cliente, es la cuestión básica y fundamental. Cuando esto no pasa, siempre pasa factura.
Otro aspecto fundamental es que mi trabajo no consiste en dar luz, se trata de apoyar para que el cliente encuentre su propia luz, la suya, la propia.
Cuando los clientes me cuentan lo que quieren, las fortalezas y debilidades que tienen para conseguirlo (cuando son conscientes de ello), no solo escucho sus demandas, busco entender, lo mejor y más exactamente posible, como sienten y viven eso que me cuentan. Es decir, como suele decirse, me pongo en sus zapatos. El entender no solo racionalmente qué objetivos quieren conseguir, sino la posición experiencial que para ellos representa (emocional y racionalmente), es fundamental en este trabajo. He visto muchas personas que no podían enfrentarse a sus deseos y objetivos por cómo se sentían a la hora de pensarlos y abordarlos; ahí radicaba el freno más importante, y no en los aspectos externos, “objetivos”, para llevarlos a cabo. Todo pensamiento lleva asociado siempre un cúmulo de emociones.
Como todos los coaches, mi herramienta fundamental es la pregunta. ¿Por qué trabajamos así?. Porque, cuando el cliente es capaz de descubrir por sí mismo  algo, y consigue ese insight (comprensión, apertura de consciencia), tiene una fuerza enormemente emponderizante, mucho más sin duda que si es de otro modo.
Estoy plenamente convencido de que para desarrollar este trabajo es fundamental que los coaches hayamos aprendido a dejar de lado nuestro ego. Desactivarlo en los tres aspectos básicos, mental, emocional y corporal, es fundamental para una actitud plena y real de escucha activa y de empatía. En mi recorrido, he ido experienciando como este aprendizaje personal ha sido fructífero en mi desempeño de esta profesión.
Por último, quisiera señalar que en todo proceso de coaching, la relación entre coach y coachee se basa en una comunicación, que fluye, refluye y confluye en un proceso dinámico, que permite descubrir territorios desconocidos, que genera cambios actitudinales ante la vivencia de experiencias nuevas, donde la persona va consiguiendo enlazar y aunar lo que piensa, siente y hace.
Pero, todo este proceso, todo este camino, lo hace él/ella. Mi función es acompañarlo, facilitárselo, siendo espejo de sus resistencias, debilidades y, sobre todo, fortalezas. En ese proceso dinámico, el cliente va descubriendo cosas, va haciendo, va abriendo caminos. En ese caminar juntos, descubre que los versos de Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar...”, son ciertos. No solo porque el camino lo construye él, (yo soy su acompañante tan solo), sino porque además se convierte en caminante.
Quisiera añadir como final de esta reseña, que mi auténtico aprendizaje en esta profesión han sido mis clientes, las personas concretas con las que me he ido encontrando. Ellos me han enseñado a mirar y ver con sus ojos, y me han mostrado como han ido consiguiendo sus objetivos en ese proceso apasionante que hemos recorrido juntos.