COSAS QUE PASAN

11/11/19

Sobre el yo



Somos siendo con la realidad y con nosotros mismos.

Esta frase define lo que trataré de desarrollar a continuación.

Nuestra forma de conocer siempre es como mínimo de segundo orden. Mantenemos una relación con lo real y con nosotros mismos a partir de la elaboración que construimos en nuestro interior sobre lo que vemos. De forma, que nuestro acceso a “lo otro”, incluyendo nuestra forma de vernos e interpretarnos, está filtrada por quienes somos y como somos. Esto viene determinado por dos aspectos básicos que lo conforma: nuestra herencia genética y nuestro proceso de aculturación.

Por tanto, nosotros somos a partir de nuestros archivos de información que hemos adquirido en lo biológico (ADN) y en lo cultural. Pero, somos siendo, mediante la dinámica que vamos generando en nuestro vivir a lo largo de los años. Como consecuencia, hay un algo que es invariante y otro algo que es puro dinamismo: somos de un modo, y nuestro desplegar “de ser” va concretándose en su moverse en y con la vida. De manera metafórica, podemos decir que somos un terreno (nuestro ser), sobre el que vamos generando un territorio que vamos modulando y construyendo sobre él y a partir de él(nuestro “siendo”).

Por tanto, nuestro ser presente es el resultado de nuestros muchos ser siendo.

Detengámonos un instante sobre eso que llamamos el yo, nuestro yo. Yo puedo decir: yo hago, yo siento, yo pienso, etc. Es absurdo decir, aunque se dice, lo sé: mi yo hace, siente o piensa. Esto, ¿qué significa?. Que mi yo no puedo objetivarlo, porque si lo hago deja de ser mi yo, para pasar a ser una imagen o representación de él. Mi yo sujeto no puede ser objeto, solo lo es para los otros.
El yo es un señalador, como dicen los lingüistas, yo señalo, veo, percibo, lo que está fuera de mí, el objeto, (ob-jectum: delante de), no puedo ver mi yo, puedo ver tan solo una imagen, que no es lo mismo. Sin embargo, sí puedo verme, verme a mí (“mi” y “yo” obviamente no son equivalentes).

Ahora bien, puedo saber como me siento, lo que pienso, lo que hago. Ahí no miro mi yo, me miro a mí.

¿Por qué planteo todo esto?. Porque estamos asentados en una cultura que fomenta la creencia de que podemos modelar y diseñar nuestro yo; y, además, otorga al yo un protagonismo que provoca resultados perversos.

He dicho, en varias ocasiones, que hay que destruir mi yo, pero no destruirme yo.

Nuestra capacidad para estar y ser en la vida tiene una estrechísima relación con todo lo aquí esbozado. Zambullirse en el vivir es entrar en contacto con lo que se nos va apareciendo en nuestra vida, sin aplicar corsés enajenantes sobre lo que es y lo que somos. La planta respira, no se mira a sí misma para saber como es su yo para absorber la luz que le llega y metabolizarla.

En definitiva, tengo la certeza de que si dejásemos de incorporar tanto “manual de instrucciones” sobre cómo debemos pensar y actuar, nuestro vivir sería mucho más armónico y, en muchas ocasiones, menos sufriente.


Pero, además y sobre todo, pero este tema es de otra índole, eso que llamamos yo es una pura fabulación.

11/10/19

Algunas formas de sentir insatisfacción

En muchas ocasiones el pasado se arrastra como un fardo pesado que dificulta el movimiento. Los fantasmas y las realidades se cargan a la espalda y nos doblan el espinazo.

Nos pasamos la vida sopesando qué es lo correcto y lo incorrecto, qué está bien y qué está mal. La narración siempre es la misma porque somos prisioneros del constante cotejo de lo que hay y de lo que podría haber, de lo hecho y lo omitido, de lo que se tiene y se podría tener; en último término de lo que "se es" y de lo que se podría ser, o, más exactamente, de lo que se podría haber sido.

Éste es un proceso estéril, pero nada infrecuente, que no conduce a ninguna parte. Y es así porque se ha partido de premisas inciertas, como que hay un puzzle por construir, cuando lo que sucede en realidad es que nunca se acaba de configurar, siempre faltan piezas. O, tal vez,  muy probablemente, no exista ningún puzzle, o ni tan siquiera sea necesario.

Todas estas creencias es frecuente que dejen un poso de falsedad, de inautenticidad, de estar en un doble plano (uno verdadero y otro falso). Pero esto también responde a la necesidad de acudir a las “tablas de la ley sagrada” para verificar el grado de cumplimiento de nuestras vidas con relación a lo que hay que hacer, a lo que se debe hacer, a lo preasignado desde instancias que se nos escapan, que pertenecen a lo incorporado al deber ser y a nuestro punto ciego, la sombra.

El sentimiento de pérdida es a veces más fuerte debido a que sentimos que con lo perdido se nos pierde una parte de nosotros. De nuevo está la historia, nuestro pasado. 

Y, lo más curioso, es que todo esto obedece a una construcción puramente mental, imaginal. Pero para nosotros las creencias tienen una base sólida, de consistencia, que nos impide ver, sentir, vivir y estar en lo real. De modo, que son esas mismas creencias las que tapan la realidad.

3/10/19

Algunos rasgos de la hipermodernidad (1)

Sustraerse a la estupidez imperante es necesario, aunque resulte tarea de dioses. El escaparate se ha convertido en el espacio central de esta sociedad, si bien este espacio no tiene una ubicación física determinada, ya que tiene una topología de índole eminentemente simbólica, sin posibilidad de fijación ni de concreción.

La realidad tiende a convertirse en un escenario que se ve, o, por mejor decir, que se mira. Todo se torna imagen y diseño (autodiseño, autorreferencialidad), es el mundo de la representación, es el mundo del espectáculo, donde nosotros, la gran mayoría, nos convertimos, o nos convierten, en voyers o, por ser más precisos, en autovoyers (los paradigmas son el selfie e instagram).

Esta situación es consecuencia del proceso de hipersimbolización que caracteriza a esta modernidad tardía en que nos encontramos. Estamos en una sociedad predominantemente icónica, donde lo real se disuelve o se esconde tras el símbolo, que es el protagonista principal, tal vez lo real hoy sea lo imaginario. De tal suerte que “las cosas” no son sino que representan, siendo esto último lo “importante”. Lo simbólico se desentiende de aquello a lo que se refiere, adquiriendo plena autonomía y presentándose como lo hegemónico, lo que posee valor, incluso lo que da carácter de realidad.

Asistimos a un mundo, nuestro mundo, donde la realidad, lo físico-material, adelgaza, disminuye, tendiendo a desaparecer, para que emerja lo simbólico, lo imaginario, aquello que no tiene materialidad, que es puro signo (la imagen, la foto, el relato metasimbólico...).

Todo ello afecta a los distintos ámbitos: el psicológico, el social, el económico, el político, el cultural, etc.


5/5/19

11/4/19

Sólo el Ser es (extractos de “Esto es”) Por Hari Vansh Lal Poonja (Papaji)


Ser es lo que tú eres.
Tú eres Ese profundo Misterio
en donde las experiencias y los conceptos se manifiestan.
El Ser es el Momento donde nada viene y va.
Es el Corazón, el Atman, el Vacío.
Brilla para Sí, desde Sí, dentro de Sí.
El Ser es lo que da aliento a la Vida.
No necesitas buscarlo porque está Aquí.
Eres el Vehículo de tu búsqueda.
¡Eres lo que estás buscando!
Y Eso es Todo lo que hay.
Sólo el Ser es.

–

Antes del comienzo, ya eres la Consciencia pura.
Eres la Plenitud del Amor en el Amor
y el Vacío de la Consciencia.
Eres Existencia y la Paz más allá de la paz.
Tú eres la pantalla donde todo es proyectado.
Eres la Luz del Conocimiento,
Aquel que le dio el concepto de la creación al creador.
Olvida lo olvidable y reconócete
como aquello que jamás se puede olvidar.
Tú eres el Sustrato sobre el que todo se mueve.
Deja que se mueva.
Tú eres Esto.
Tú eres Ahora, tu eres la cualidad del Ahora.
¿Qué “Yo” puede existir fuera de este Ahora?
Tú eres la Verdad y solo la Verdad Es.
Nunca has nacido, y aunque es sólo el deseo el que se encarna,
¡nunca ha sucedido nada, nunca ha existido nada!
Tú eres esta Nada, y esta es la Verdad suprema.
Te encuentras totalmente solo, porque sólo la Belleza es.
Sólo el Ser es.

–

Todo aquello a lo que estás apegado, todo aquello que amas,
todo aquello que conoces, desaparecerá algún día.
Ser consciente de esto, y de que el mundo es tu mente,
con la que creas, actúas y sufres,
se conoce como discriminación.
Discrimina entre lo real y lo irreal.
Lo conocido es irreal y así como viene se va,
permanece en lo Desconocido, en la Verdad Inmutable.
La discriminación destruye el apego
exponiendo lo transitorio, la naturaleza ilusoria,
del objeto al que te apegas.
Todo lo que aparece y desaparece no es Real,
y carece de todo néctar, así que no te aferres a ello.
Una vez que lo hayas soltado no retornes a ello.
Permanece como Eternidad en tu propio Ser.

–

Sé como eres donde quiera que estés.
Si haces esto en un instante comprenderás
que tú eres lo que has estado buscando
durante millones de años.
No hay búsqueda.
La búsqueda es para encontrar aquello que anda perdido,
pero cuando no se ha perdido nada
no tiene sentido la búsqueda de un objeto.
Aquí simplemente Aquiétate.
No remuevas ningún pensamiento en tu mente,
y Entonces sabrás quién Eres realmente.

–

Hay tres razones por las que la búsqueda y la práctica
son una soberana tontería, sirviendo solo para confundir
con el ardid de la aguda mente postergando la Liberación.
La primera es porque crea un buscador.
Lo cual, reafirma la idea de que existe un individuo sufriente
separado de la Libertad, y de que el Ser
es “otra cosa” que está fuera del Aquí y el Ahora.
La segunda es la búsqueda.
La búsqueda es una distracción que obliga a la postergación
y a un sufrimiento tan interminable como innecesario.
La Búsqueda promueve las religiones, las tradiciones,
los caminos espirituales a los que adherirse;
que sólo sirven para atraparte más y más profundamente en la ilusión.
La Verdad está sólo Aquí y Ahora,
Pero la búsqueda dice que está en el mañana.
La tercera razón
es que la búsqueda crea un objeto a encontrar,
lo que la convierte en la trampa más sutil y engañosa.
Cuando comienzas la búsqueda tienes una idea, un concepto
de lo que andas buscando.
Como la naturaleza de maya, de la ilusión,
es que cualquier cosa que pienses, se manifiesta
y obtendrás cualquier objetivo que te propongas conseguir.
De eso no hay duda: todo lo que pienses se te hace realidad.
¡Así que con la búsqueda, creas y luego obtienes
aquello que crees andar buscando!
Cualquier reino de los cielos
o alto estado espiritual que ansíes alcanzar,
lo alcanzarás
después de haberlo conceptuado y creado tú mismo.
Después descansarás satisfecho en tu propia trampa
Pensando que ya has obtenido tu “reino de los cielos”.
Esta es tu cuento de la lechera, tu libertad hecha a medida.
Con tus propias creencias y condicionamientos
dictando cómo debe ser el Altísimo.

–

La Verdad está más allá de cualquier
pensamiento, concepto, o condicionamiento.
Verdad es lo que tú eres, y sólo la Verdad Es.
Así que abandona tu búsqueda, simplemente Aquiétate,
No estimules ningún pensamiento ni hagas esfuerzo alguno,
y la Verdad se te revelará por Sí misma y a Sí misma.
Toda práctica acarrea un ego
que refuerza la relación sujeto-objeto.
Toda practica se lleva a cabo
a través de los sentidos y del cuerpo-mente,
lo cual reafirma la identificación con el cuerpo-mente.
Cualquier identificación es una identificación errónea.
Te conviertes en cualquier cosa que pienses,
así que si piensas en el nombre y en la forma
estás pensando en el ego-mente-mundo-sentidos-ilusión.
Si es absolutamente necesario que pienses,
Piensa entonces en Existencia, Consciencia,
Éxtasis. Aunque lo mejor es simplemente saber que
“Yo soy Eso, Yo soy Brahman”.
La práctica directa es en el Ahora mismo, simplemente Siendo,
sin esperar al siguiente momento o al siguiente pensamiento
o a la próxima vida para llevar algo a cabo.
La práctica directa es el Éxtasis de tornar tu cara hacia el Ser,
la práctica directa es honrar tu propio Ser,
la práctica directa es Existir.

5/1/19

Perplejidad y desconcierto (escrito en 1997)

La perplejidad y el desconcierto son características que acompañan el sentir de los seres humanos en este final de siglo. Se pueden aducir múltiples razones que explicarían el por qué de esto. Las distintas disciplinas de las llamadas ciencias sociales aportarían su marco explicativo desde sus distintos puntos de aproximación. Todas conectarían con una parcela de la realidad y sus aportaciones serían plausibles por reveladoras, aunque sus conclusiones difiriesen unas de otras debido a que su objeto de análisis corresponde a un fragmento, a veces muy pequeño, distinto entre ellas, de ese todo que llamamos realidad.

Por aquí empiezan los problemas básicos, constitutivos de nuestro mundo moderno, cuales son la fragmentación de lo real en esferas y áreas, sobre las cuales se aplica una determinada “racionalidad” que es operante sobre las mismas, pero ineficaz en todo punto a la hora de dotar de razones a ese continuum que es lo que configura eso que venimos llamando realidad.

Esta fragmentación y parcelación presentes en el mundo científico, que ha sido y es su modus operandi, inunda otros ámbitos, fuera de la ciencia, y constituye un sistema de pensamiento plenamente hegemónico, que intenta, desde ahí, dotar de sentido y dar valor al conjunto de aspectos que configura nuestro mundo. Obviamente ello se torna en tarea harto imposible, ya que los criterios utilizados para las partes no funcionan con respecto al todo. Se podría decir que es “irreal” pretender que ello sea fructífero, ya que existe una distorsión previa y fundante sobre la percepción de ese Todo acuñado bajo el morfema real-idad.

Pero la perplejidad y el desconcierto, siendo la razón aludida anteriormente una de las principales, sino la principal, también surgen como consecuencia del inicio de fractura de los campos de sentido que hasta ahora han venido otorgando las distintas ramas de las ciencias sociales, haciendo que su grado de operatividad empiece a estar cuestionado. Es decir, el camino seguido ha sido fructífero dentro de unos parámetros sociales, económicos, culturales, etc., pero en estos momentos deviene la obsolescencia al no poder dar respuesta-razón  acerca del mundo en el que estamos inmersos, no sabiendo si quiera la urdimbre que lo constituye en este final de milenio.

Otro elemento importante que está presente en esa perplejidad y desconcierto que siente el ser humano tiene que ver con la complejización de la sociedad actual en la que habita y la falta de respuesta-explicación que se puede dar en estos momentos. Dicha complejización actúa en varios sentidos. Por un lado, el entramado social, su estructura y los elementos que la constituyen, son bien distintos de los que existían hace relativamente poco tiempo. Los modelos interpretativos tradicionales ya no sirven. Esto es debido a que las relaciones micro y macro-sociales han variado. El papel de la comunicación, su desarrollo, es responsable en buena medida de ello. Además, las variables que constituyen el nuevo marco han dinamitado las fórmulas que permitían realizar estudios prospectivos (hoy existen más variables que fórmulas para resolverlas). Esto también es debido al constante cambio que se produce en los distintos campos de la sociedad: lo que hoy sucede en los distintos ámbitos (económico, político, social, laboral, etc.) puede ser muy diferente mañana, lo cual dificulta enormemente el encontrar modelos explicativos ante una realidad tan dinámica y poco previsible.

Pero por debajo y por encima de todo lo que aquí se viene exponiendo, hay un problema que late en el fondo de toda esta cuestión y que tiene que ver con eso que se ha denominado modernidad, y que se ha ido constituyendo sobre un universo de sentido a lo largo de los últimos siglos. El vértice básico sobre el que se ha asentado ha sido sobre la idea de la emancipación del sujeto a través de la herramienta de la Razón. Herramienta que abre las puertas al conocimiento y al control de lo real, y por tanto elimina elementos de incertidumbre en las vidas de los individuos. Esta ha sido la ideología fundante sobre la que se ha asentado no sólo el desarrollo científico sino también el mundo axiológico y experiencial de los seres humanos, al menos en Occidente. Las dificultades empiezan a surgir cuando esta Razón ya no puede explicar la nueva realidad existente, cuando en su nombre la humanidad ha cometido todo tipo de barbaries, y cuando se empieza a vislumbrar que ésta obedece a un tipo de razón, no la única,  que llevada a sus últimas consecuencias se torna en una ideología deshumanizadora y que aplasta a la persona.

La irrupción y desarrollo del mundo moderno se ha constituido bajo la idea de Progreso. Sin duda esto ha sido así en muchos ámbitos: el científico-técnico, la mejora en las condiciones de salud e higiene, el crecimiento en las expectativas de tiempo y calidad de vida, el acceso a mejores y mayores niveles de confort social, el desarrollo de los transportes que ha permitido acortar la distancia entre los pueblos, el reconocimiento del individuo como sujeto de derecho, etc.; al menos esto ha sido válido para gran parte del mundo occidental. Pero, el Progreso a medida que se ha ido conformando como ideología, con la pretensión, como toda ideología, de abarcar la totalidad de los ámbitos sociales, ha generado un proceso de expectativas ilimitado en los seres humanos que ha desnaturalizado la misma idea que lo constituyó y ha alejado/enajenado al individuo de su “ser” y de su “mismidad”.

En este fin de siglo y de milenio el hombre anda tras la búsqueda de “algo” que no sabe lo que es. Esto provoca desazón e incrementa exponencialmente la sensación de inseguridad, presente siempre en alguna medida en el decurso de la vida humana en cualquier época.

Pero, volviendo al tema de la Razón, hay que señalar dos aspectos importantes que han hecho de Ésta una idea desvirtuada en la actualidad.

El primero hace referencia al paso dado en el transcurso de los años de la primacía de la Razón, como instrumento para entender y modificar la realidad, pero operando dentro de ella y, por tanto, manteniéndose en los parámetros de mesura y discreción necesarios para obtener tal fin, al surgimiento del racionalismo que, siendo constituyente y constituido en visión del mundo, en formación de ideologemas, por este carácter que lo define, participa básicamente de un planteamiento idealista, con lo que se aleja de la capacidad para captar y modificar el mundo de lo real.

El segundo aspecto guarda relación con la intermediación cada vez mayor entre sujeto y objeto de elementos simbólicos. La presencia que está adquiriendo en los últimos tiempos el mundo de lo simbólico como forma de aproximación y, por tanto, de relación con lo otro/los otros, proveniente muy fundamentalmente del campo de la comunicación y del discurso generado en el seno de la sociedad de consumo, está provocando una perversión en los procesos cognitivos y valorativos de los individuos con respecto a la realidad en que viven. Dicha perversión hace que los sujetos se muevan, actúen y se relacionen no por el valor y significado que tengan y den a las cosas, sino por el valor simbólico que posean éstas socialmente; es decir, por el valor asignado (valor de cambio) en el juego de representaciones sociales que se ha ido incorporando al imaginario colectivo.

El problema, por tanto, no está en esa intermediación simbólica, que es un hecho consustancial al ser del hombre, sino que lo que básica y, a veces, únicamente, se percibe no es lo objetal sino la representación simbólica, conformada y legitimada desde el discurso social dominante, de dicho objeto.
En definitiva, este proceso está marcando muy profundamente este extrañamiento que siente hoy día el sujeto ante el mundo en el que vive.

El hombre se siente desazonado pero muchas veces no sabe el por qué, y cuando lo sabe se encuentra impotente para modificar aquello que es causa de su desasosiego. Este sentimiento de impotencia es otra de las características que acompañan al hombre actual. La impotencia opera no desde bases “reales” sino desde todo el entramado que se ha venido señalando anteriormente. El sujeto puede luchar y actuar en el plano de lo real, pero su lucha se convierte en permanente derrota cuando su punto de mira no es la realidad sino el mundo de lo simbólico y, por tanto, el mundo de lo fantasmagórico. Es imposible solucionar/derrotar a algo que carece de sustancia y de consistencia en sí mismo.

Desenmascarar y desentrañar esta situación es sin duda tarea arduo compleja, sobre todo cuando faltan herramientas y modelos desde donde poder hacerlo, o las que hay son incompletas o se han quedado obsoletas, pero es importante conocer como opera en los individuos todo este proceso; es decir, como se percibe y valora desde sus vidas cotidianas esta desorientación en la que se encuentra el hombre actual. 

1/11/18

Sobre creencias, certezas y juegos



 Imaginemos que nada sucede, que todo es quietud y silencio, que no hay movimiento, ni agitación ni cambio. Imaginemos, además, que todo es perfecto en la quietud. Imaginemos que todo es uno, que la fragmentación y división no es más que una creencia que se ha perpetuado y se ha convertido en hábito (mental), y que cada uno de nosotros forma parte de esa unidad. Imaginemos que eso que percibimos y llamamos todo es todo y es nada, siendo ambas cosas la misma realidad.

Imaginemos que todo es eterno, sin principio ni fin, y que lo es porque es y está fuera del tiempo, en el no-tiempo. Imaginemos que yo y tú somos la misma realidad, plasmada en distintas manifestaciones y planos.

Ahora, imaginemos que la realidad está fragmentada, que el movimiento hace que las cosas cambien, que la realidad esté sujeta a las leyes del cambio, generando realidades distintas como consecuencia del transcurrir del tiempo y de los procesos transformadores que la acción impone. Imaginemos que yo soy diferente, distinto de ti, y que existe una separación de espacio, de consistencia, de estructura y de funcionamiento respecto de ti, de todos los demás y de todo lo demás.

Imaginemos que lo que empuja el cambio son las decisiones y acciones que llevamos a cabo en relación con eso que percibimos como realidad. Imaginemos que avanzamos o retrocedemos respeto a criterios generales y universales. Imaginemos que lo que percibimos enlaza con lo percibido.

Ambos ejes, paradigmas o como quiera llamárseles, pertenecen a un sistema de creencias.

31/10/18

Breves apuntes sobre el mirar


La manera de mirar configura lo mirado.

Es esta premisa básica la que constituye nuestra percepción de eso que llamamos realidad. Pero no sólo afecta a lo que vemos y percibimos a través de los sentidos; también, y sobre todo, a lo que interpretamos sobre eso que estamos atendiendo. De modo que nuestra relación con lo real, la experiencia que tenemos de esa relación, se conforma a partir de nuestra manera de mirar y de conectar.

En definitiva, nuestro vivir está constantemente inundado de acontecimientos, siendo éstos de diversa índole, incluso de distinta intensidad, aunque la intensidad viene ya constituida por nuestro mirar; pero  creo que de lo que se trata no es sólo, ni siquiera fundamentalmente, de las características de esos acontecimientos, sino de la manera en la que nos relacionamos con ellos y los gestionamos.

26/10/15

El descreimiento del sistema

Estamos ocupados y preocupados por conseguir salir del atolladero económico, social y político en el que nos encontramos. En ello se centran los análisis, los planes estratégicos de todo tipo y las prácticas ensayadas hasta la fecha. Es lo que se dice, de lo que se habla, y lo que nos mantiene atentos.

Todas las miradas y las acciones giran en torno a conseguir una mejora sustancial en el buen funcionamiento del sistema, a corregir los errores, a modificar las obsolescencias, a implementar políticas de saneamiento, de activación y de reequilibrio, a eliminar prácticas corruptas, etc; en definitiva, a generar una estructura económica (sobre todo económica, la sacro-santa economía), política y social, que engrase la maquinaria y que redunde en el bien común.

Pero apenas se pone de manifiesto, al menos en lo que yo conozco, otro aspecto fundamental que está teniendo cada vez más presencia, y que de momento pasa de soslayo; cual es, el creciente descreimiento del sistema.

Intentaré explicarlo brevemente. Cada vez existen más personas, sobre todo jóvenes, que su cuestionamiento, más allá del buen o mal funcionamiento del modelo socio-económico y político existente, es el de que no se sienten identificados con lo conocido. Para estos jóvenes (y no tan jóvenes), el mundo de vida que se les plantea, incluso en el mejor de los escenarios, no les motiva, no es lo que ellos sienten que quieren. 

Esta postura no se traduce en una reivindicación de carácter revolucionaria, como sucedía en el siglo pasado. No se trata de una demanda política articulada, es algo que aun no se ha constituido en discurso, porque está asentado en el ámbito difuso de su mundo de vida. Por tanto, no hay demanda política, ni económica, ni siquiera social, pero sí existe un rechazo profundo del modelo en el que han vivido. 

Pero el rechazo de lo conocido, manifestado en modo de insatisfacción, no sintiéndose identificados con muchas de sus normas, valores y sistema de creencias, muestra algo muy concreto, aunque nada tangible: el descreimiento del sistema actual.

Tal vez merezca la pena estar algo más atentos a este incipiente proceso anómico de algunos sectores de nuestra sociedad, para que nos ayude a entender más y mejor el mundo en el que vivimos, y buscar soluciones más eficaces, si es que hay que solucionar algo.

15/7/15

Algunas cuestiones sobre el poder y el miedo (1)

Tenemos tan interiorizado en nuestro código genético y cultural el miedo, que el ejercicio de poder y dominación que ejercemos los humanos, unos sobre otros, apenas lo vislumbramos, si es que lo llegamos a vislumbrar.

Hablar de esto ya sé que es tan antiguo como hablar de la historia de la humanidad, o, al menos, desde que el hombre (y la mujer) fue expulsado del paraíso, acudiendo a la narración mitico-simbólica.

Los modos y maneras en que hemos ejercido el poder han ido cambiando a lo largo de la historia. Se ha pasado de prácticas más a menos cruentas, de prácticas más visibles a más sutiles, de más generalizadas a más localizadas. Pero, de cualquier modo, siempre ha tenido, en cualquiera de sus formas, dos ingredientes básicos: uso de la violencia (física, material y/o simbólica) y miedo.

Pero, estos ingredientes están en todos los actores intervinientes. Quiero decir que no es que el uso de la violencia solo pertenezca a los dominadores y el miedo a los dominados, no. Tanto unos como otros participan de ambos aspectos; si bien, obviamente, lo hacen de modo e intensidad muy distintos. 

Los que ejercen el poder utilizan los resortes de que disponen para seguir teniéndolo, pero también tienen miedo. Si no lo tuvieran, si realmente estuvieran desprovistos plenamente de miedo, no sentirían ninguna necesidad de dominar, controlar y ejercer violencia sobre otros.

Los individuos y grupos que padecen el dominio, no solo tienen miedo, sino que ese miedo se sustenta, en gran medida, en la aceptación implícita o explícita de que hay otros que tienen capacidad para ejercer el poder y la dominación sobre ellos. Es decir, en la aceptación va implícito dar poder al poder.

En nuestro mundo actual, se ha ido constituyendo una forma de poder (y control) mucho más sutil. Ya no es necesario que existan vigilantes y controladores externos, con capacidad coercitiva. El vigilante y controlador se ha trasladado, en buena medida, al interior de cada individuo, a su plano mental e imaginal. Es decir, existe autocontrol y obediencia. Esto no quiere decir que se sea consciente de ello; es más, existe todo un proceso de justificación (racionalización), con despliegue lógico-racional, que niega tal autocontrol.

Todos tenemos ejemplos cercanos, sea en el plano individual o colectivo, sobre cómo operan el poder y el miedo en estos momentos. Conocemos la retórica que se pone en juego para maquillar los hechos, y para no decir lo que se ve, incluso para querer construir otro relato sobre lo que acontece.

Pero las preguntas del millón, al menos para mí, son: ¿se puede salir de este binomio poder-miedo?, ¿se quiere salir?, ¿qué hace falta para ello?

Cuando me planteo todo, no solo tengo la mirada puesta en lo que acontece en el plano social y político, sino, también, en el de las relaciones personales y con los próximos, incluso en la relación que mantenemos con nosotros mismos.




9/6/15

Pero si a todos se nos nota la cara de idiota

El título de este post me salió pelín provocador. Aclaro que no pretendo ofender a nadie, tan solo me vino esa frase a la cabeza al verme y ver a mis semejantes actuar.

En fin, hechas las salvedades, intentaré plasmar el motivo por el que ha irrumpido espontáneamente  en mí título semejante.

Y es que, hay que ver el gasto tan tremendo de energía que realizamos durante todo el día intentando demostrar a los demás y a nosotros mismos que somos los más listos, los más inteligentes, los más guapos, los mejores, los distintos; o los más humildes y auténticos, da igual. 

Esto de estar permanentemente sometido al escrutinio de criterios, modelos, parámetros, puf, a mí al menos me agota, no sé si a los demás les pasa igual; y, sobre todo, me genera dos cosas añadidas importantes, que funcionan como dos losas: no me sirve para casi nada en lo práctico y concreto, porque repito y repito los mismos errores, y porque me obliga a dedicarme más a la cosa del juzgar y valorar que la del vivir, que es lo me parece a mí que es el motivo por el que estamos aquí.

Qué cansino resulta pasarse la vida intentando demostrar en vez de simplemente mostrar y mostrarnos. Sobre todo, porque más allá de que pretendamos dar/nos una imagen, los demás nos ven por debajo de nuestros ropajes y etiquetas sociales. Además, es curioso que esto que vemos tan claro respecto a los otros casi nunca lo percibimos respecto a nosotros mismos, al menos a mí me pasa, aunque cada vez menos, eso sí.

Lo que sí sucede con frecuencia es que también opera respecto a nosotros mismos. Quiero decir que, en muchas ocasiones, lo que vemos de nosotros es la imagen que nos hemos construido (o nos han construido los demás); de tal modo que reproducimos el mismo esquema, seguimos anclados en el imaginario, olvidando que toda imagen es eso, algo imaginado en el ámbito de lo mental.

Claro que todo esto obedece a que hemos configurado una sociedad basada en la creencia de la imagen, y, como todo el mundo conoce y más aún curiosamente los que saben y viven de esto, siempre es irreal.

La imagen opera en el plano de lo dicotómico, de la discriminación: bueno/malo, bonito/feo, amigo/enemigo honesto/deshonesto, limpio/sucio, valiente/cobarde, etc. Son conceptos mentales, simplificadores de la realidad, que no permiten ni dan opción a matización alguna. No sólo simplifican, sobre todo desvirtúan la realidad.

Mientras tanto, seguimos haciéndonos selfies, no para vernos y que nos vean, sino para alimentar la imagen. Si al menos se tratase de un juego serviría para disfrutar, pero lo que percibo es mucha ansiedad tras esa búsqueda de conseguir dar la imagen.

Y es que estar en la imagen siempre genera un plus de sufrimiento gratuito, que nos aleja de nosotros mismos y de la realidad. No hay más que echar un vistazo al funcionamiento de muchos políticos y en lo que se basa gran parte de la política, por coger sólo un ámbito concreto de nuestro mundo de vida actual.

24/11/14

La capilaridad del poder vs. la libertad.

Ha sido Michael Foucault uno de los autores que más y mejor ha analizado el fenómeno de la eficacia del poder (de los poderes, diría el autor) en nuestro mundo moderno y tardo-moderno. Explicó, con enorme lucidez, como opera la práctica del poder en nuestro mundo actual, y cómo llega a su máximo rendimiento mediante la introyección de los discursos que hegemoniza el poder; de tal modo que ya no es menester obedecer a los "guardianes externos", sino que éstos se encuentran instalados en el seno de nuestro propio interior. El resultado de todo ello deviene en prácticas acordes con lo establecido, manteniendo y reproduciendo los ejes materiales y simbólicos del mundo social, cultural y económico impuestos.

Ahora bien, ¿es posible salir del panóptico de Bentahm, que tan bien expresa el control del poder?

Si hubiera tenido que contestar a esta pregunta hace unos pocos años, habría dicho que no. En estos momentos, tengo la certeza plena de que sí es posible. 

Hace ya bastantes años, en una entrevista al sociólogo francés Alain Touraine, le preguntaron si era posible salir de lo social, ante lo que contesto que no solo era posible, sino que era muy recomendable. La respuesta me atrajo, me generó gran interés, pero no pude dotarla de suficiente sentido y menos aún de hacerla real. Ahora ese comentario tienen una lectura y un significado mucho más profundo y certero para mí. Es más, posiblemente tienen otro significado y otro sentido al que vislumbré entonces.

Ahora sé que podemos salir del universo simbólico hegemónico en el que estamos, así como del ámbito de lo social. Para ello, es necesario cambiar nuestro mapa mental, y enlazar con otro modo de conocer y percibir la realidad, de percibir a los otros y de percibirnos a nosotros mismos. Y cuando eso ocurre, sí es posible enlazar con espacios de libertad desconocidos.


15/10/14

La felicidad: un sentimiento aplazado

El futuro funciona, en algunas ocasiones, como una "droga dura". Lo utilizamos, en esas ocasiones, para posponer y proyectar deseos, para imaginar cosas que haremos, para fabular con sentimientos que tendremos, momentos que viviremos.

Es, para este tipo de situaciones de las que hablo, el tótem, la eterna promesa, que nos "saca" del momento presente y nos evade del único momento real que existe, que no es otro que el momento presente, que se produce aquí y ahora.

No digo que no hay que mirar hacia adelante. Solo planteo que el dar el salto hacia ese próximo tiempo que aún no ha llegado, a veces, muchas veces, funciona como un escape de la única realidad que es, que se manifiesta y que se expresa, que no es otra que el ahora.

Porque lo que venga, su devenir, cuando llega es, se hace momento presente, vuelve a ser ahora. Porque siempre vivimos en el ahora. Sé que lo que aquí planteo es obvio, pero me consta que en nuestro vivir, a pesar de su obviedad, vivimos ajenos a ello. Mejor dicho, dejamos de vivir para anclarnos en el plano mental, imaginal y, a veces, fabulatorio. 

Suele suceder que, o bien nos instalamos en la nostalgia del pasado o en la promesa del futuro, ninguno está, salvo en nuestros pensamientos. Sin embargo, nos olvidamos de lo que tenemos justo delante, encima, debajo, en medio, dentro, fuera, ahora, que no es otra cosa que la única realidad que se manifiesta y con la que nos podemos entender (o desentender).

Todo esto lo digo porque escucho con mucha frecuencia la frase: yo seré feliz cuando...Les suena, verdad. Y siempre surge en mí la tentación de decir: y, ¿por qué no ahora?. Es cierto, que en algunas ocasiones la respuesta ha venido sola por parte de mis interlocutores: porque aún no tengo (o me falta) lo que necesito. 

Ya imagina el posible lector que esa respuesta se comenta por sí sola. Solo añadiré al comentario que cada uno quiera hacer, que en el momento que el futuro se torna presente, se vuelve a reproducir el guión: miramos al futuro como "droga dura", esperando que sea en ese tiempo por llegar cuando consigamos ser felices.


21/8/14

Algunas consideraciones personales sobre I+D+I (2)

En la llamada sociedad del conocimiento nos encontramos con una situación paradójica: ya no se trata de acceder a la información, ahora se trata de saber escoger la que sirve y desechar el resto.

En nuestro mundo tecnológico e hiperconectado podemos acceder casi instantáneamente a cualquier información que deseemos. Ya no tenemos problemas con ello. Ahora, el gran reto es saber pertrecharse de una gran papelera para eliminar toda la que no sirve, sea porque no es relevante, sea porque no tiene la calidad suficiente. Y, obviamente, elegir aquella que nos es útil.

Por tanto, el conocer, hoy en día, ya no es un problema de acumular información, sino de depurarla, seleccionarla y metabolizarla en conocimiento.

Comento todo esto porque a veces se tiende a confundir información con conocimiento; y, además, se tiende a pensar que la ingente cantidad de información de que disponemos nos lleva casi inmediatamente al conocimiento.

Por el contrarios, nos encontramos en estos momentos, en el ámbito de las Ciencias Sociales al menos, ante un reto de una enorme complejidad, como consecuencia de lo apuntado anteriormente: existen muchas más variables que fórmulas para resolverlas.

La anterior llamada sociedad de la información hizo emerger multitud de variables, antes no contempladas o no existentes. Ahora, en la sociedad del conocimiento, no sabemos aun el grado de relevancia y de discriminación de muchas de ellas.

El desarrollo tecnológico tan espectacular nos ha permitido tener la información y hacerlo en tiempo récord. Además, disponemos de herramientas técnicas que nos permiten transformarla y depurarla sin dificultad. La tecnología ya no es problema para ello. Ahora el reto es conocer; es decir, tener una capacidad comprensiva e interpretativa idónea sobre el magma de información disponible, para explicar lo real.

De momento, ante el mar de dudas, se sigue tirando de las viejas variables socio-demográficas, que siempre nos salvan la cara de nuestro déficit de conocimiento.



6/8/14

En Ciencias Sociales el modelo no es la realidad

Puede parecer demasiado obvio recordar, sobre todo para algunos, ante los cuales pido disculpas, que los modelos (sean teóricos y/o metodológicos) en el campo de las Ciencias Sociales (en adelante CCSS) son eso: modelos. Pero no son la realidad; nos sirven para captar, interpretar y, llegado el caso, modificar la realidad. Como decía un sabio y entrañable profesor y maestro, la realidad es siempre n+1 respecto al modelo. 

Todo modelo en CCSS se construye a partir de hipótesis plausibles sobre la estructura y el funcionamiento del objeto de estudio, dotadas de un grado de coherencia y de rigor internas, que  resultan pertinentes, que ofrecen una plausible explicación del objeto de estudio, de la composición de los elementos que lo configuran y de la relaciones tanto estructural como funcional que poseen, que permiten evaluar el flujo de las dinámicas internas que se dan, así como las dinámicas con el entorno, y que su grado de vigencia están sometidas a la desaparición de las condiciones materiales o simbólicas del objeto de análisis. Por tanto, todo modelo es una representación de la realidad; es decir, una simplificación de la misma, que nos permite aproximarnos a ella de forma comprensiva a partir de unos esquemas/filtros de observación, desentrañando sus bases estructurales y funcionales, y con posibilidades de actuar/modificar dichas bases.

Hacer mención de esta obviedad ha surgido debido a que compruebo a diario que para muchas personas lo aquí planteado ni es obvio ni siquiera es conocido.

24/7/14

Algunas consideraciones personales sobre I+D+I (1)

La sociedad que no apueste por la triada investigación-desarrollo-innovación (en adelante I+D+I) está destinada a quedar fuera de juego en el medio y largo plazo.

Esta obviedad parece no serlo tanto a tenor de la poca atención que se le presta. No me refiero, claro, a la declaración de intenciones, que ahí sí que todos dicen apostar por ello, sino a los datos que arroja cualquier indicador que cojamos en estos momentos.

Por cierto, aquí todos los sectores y estamentos de nuestro país andan afectados por la escasísima dedicación que les ocupa invertir en alguna de estas áreas, sea público o privado.

Se argumenta, para compensar la mala conciencia, eso en el mejor de los casos, la mayoría es para mantener y fomentar una imagen, que no hay dinero en estos momentos, que no es el momento, que no hay inversores que apuesten por ello, etc, etc. Y no dudo que parte de razón haya en esgrimir estos argumentos, pero me consta que en bastantes ocasiones están sirviendo de pura coartada para justificar la falta de valor que se le otorga a esta triada. Así vamos fatal, francamente. Es como poner las carretas delante de los bueyes.

¿Por qué me permito ser tan rotundo es semejante afirmación? Porque conozco bastante a fondo el mundo de la investigación, al menos de la investigación social y de mercados, donde llevo trabajando toda mi vida profesional, tanto en el ámbito de la investigación básica como en la aplicada, y sé lo que aporta, y también sé lo que se pierde cuando se deja de apostar, es decir, invertir y apoyar, en este área.

No se puede pensar en diseñar un futuro de mejora colectiva, económica y social, si no está basado en el conocimiento y en la metabolización del mismo; es decir, el desarrollo y la innovación.

En un mundo de cambio vertiginoso, donde el motor está asentado en la tecnología y la comunicación, donde la interconectividad global ya es un hecho incuestionable, es fundamental diseñar un proyecto colectivo que nos meta de lleno como sociedad, si lo prefieren, como país. Pero para diseñarlo es menester tener las líneas sobre las que "construirnos" como sociedad de cara al futuro inmediato, y es básico cambiar nuestra cultura educativa (esa la primera y fundamental), en todos sus niveles (desde la educación básica hasta la universitaria), nuestra cultura laboral y profesional, apostando por la calidad como valor innegociable. Es una tarea de todos, pero, evidentemente, lo es mucho más de aquellos que tienen alguna o mucha responsabilidad sobre ello.

Si no entendemos que es la senda que realmente puede hacernos mejorar en todos los sentidos y a todos los sectores sociales si no le damos el valor y la importancia que tienen, nuestro futuro como sociedad no existe.


23/7/14

Pensamientos sueltos (escrito en 2000)

A veces se dice una idea y se la “encaja” dentro de una determinada corriente de pensamiento o de un sistema filosófico o de una ideología. Y, ya está. Nos quedamos tan tranquilos porque hemos “clasificado” dicha idea, la hemos ubicado dentro de un sistema ya establecido. Esto produce tranquilidad, pero mata la idea misma, le quita su fuerza y su capacidad de proyectarse y engendrar nuevas ideas. Así funcionamos muy a menudo los seres humanos, necesitamos re-conocer lo nuevo dentro de lo ya conocido, porque de lo contrario nos desconcierta y descoloca. Pero ese proceso siempre conlleva cierta posición de ceguera, de conservadurismo, de no dar prioridad a los hallazgos que encontramos en la realidad o que la propia realidad nos muestra, sino que priorizamos los pensamientos ya establecidos, ya consolidados y, por tanto, ya petrificados

14/7/14

Sobre el amor y el presente

El pasado no está, el futuro aun no existe, tan solo tiene consistencia real el presente. Es más, apurando un poco el argumento, solo lo tiene el presente-presente.

En tiempos de mudanza, como el que nos ocupa, resulta complicado percibir, sentir y experienciar el presente. Además, somos deudores de una cultura, la occidental, muy volcada hacia el pasado y hacia el futuro, y poco ejercitada en situarse, en estar y ser (en estar siendo) en el presente. A pesar de que asistimos a una multitud de enfoques traídos de Oriente, que nos hablan del vacío, del no-ser, de la conciencia plena (mindfulness), etc., nos aproximamos a estos planteamientos todavía a la luz de una mirada marcadamente occidental. 

El ser humano tiene dos posibilidades de recorrido en su vida, a mi modo de ver y esquematizando al máximo: el camino del amor o el camino del miedo. El amor es apertura, oquedad, inclinación a los otros, a la vida y, por supuesto, a uno mismo. El miedo es cerrazón, repliegue, rechazo, opacidad, aislamiento, etc.

Pero, el amor solo se puede dar (y se da) en el presente. Lo demás es nostalgia del pasado o promesa de futuro; es decir, son construcciones mentales que hacemos sobre nuestro ayer o nuestro mañana. Se trata,  por tanto, de ámbitos que tienen que ver con el "pensarse", pero no con el "vivirse", y el amor es un hacer haciendo (viviendo) desde nosotros mismos, en cada momento presente, y que va desplegando posibilidades de elección/acción en el devenir del momento presente.

Pero, en la bifurcación entre ambos itinerarios, hay un aspecto que, al menos para mí, es fundamental: el amor enlaza con la libertad y el miedo la desactiva y la anula completamente.

Todo esto que traigo a colación no se trata ni de simples palabras, ni de ideas, ni mucho menos de ideales, sino de cosas tangibles y concretas que percibo, detecto y experimento en mi vivir diario.




2/7/14

PIB vs. "PEN (Producto Emocional Neto)"

Escuchamos y leemos, de manera recurrente, la letanía de datos macroeconómicos, que nos informan si "vamos bien" o "vamos mal". Funciona ya a modo de mantra. El lenguaje económico inunda casi todo lo social, por no decir todo lo real. Es a través del dato como respiramos o suspiramos en función de la cifra y del signo (+ o -) que arroje.

Es innegable que son datos importantes, incluso fundamentales, para poder dilucidar "como van las cosas" y hacia donde apuntan. Pero resulta demoledor su hegemonía como cuasi único enfoque interpretativo de la realidad en que nos encontramos, dejando de lado otros ámbitos relevantes, que lo son no solo por su impacto en nuestras vidas, sino también por la correlación que mantienen con los datos económicos.

Estamos en un escenario impregnado de hiperrealismo económico; o, tal vez, mejor decir en el escenario economicista.

Sucede que si nuestra mirada está únicamente centrada en los datos, y nada más que en los datos, puede suceder que estemos en un proceso grave de pérdida de realidad y de pérdida de humanidad.

No se me enfaden los expertos y técnicos de la disciplina económica. Imagino que pueden estar pensando, si es que alguno lee estas líneas, que lo que buscan es precisamente solventar o paliar el desaguisado en el que estamos. Pero, paradójicamente, nuestra mirada unilateral provoca dos efectos perversos desde mi punto de vista: desatiende aspectos que tienen que ver con el sentir y padecer esta situación hombres y mujeres concretos y reales, y, en segundo lugar, nos enroca y ofusca en buscar solo las salidas que la economía contempla. Dejo de lado aquí cuestiones sobre las múltiples salidas que cada enfoque teórico-práctico de esta disciplina contempla, apoyado siempre en una posición ideológico/axiológica que lo sustenta, pero esta es otra historia.

Mientras estamos en este escenario, con los actores sujetos al mismo guión, reproduciendo el mismo texto, aunque sea con matices diferentes, pero dentro de la misma matriz, alimentando y reproduciendo los mismos discursos, con idéntica o parecida producción de significados y sentido, el animus colectivo y personal va en caída libre. Eso sí, buscando refugios cortoplacistas, sin que lo parezcan, que alivien el sufrimiento y anestesien la conciencia, que ya son unos cuantos los que van apareciendo.

Decir que toda resistencia es una persistencia puede entenderse muy mal si no se explica, pero es algo de lo que estoy plenamente convencido, y explicarlo me llevaría demasiado lejos aquí, pero es lo que estamos haciendo de forma reiterada. Seguimos en más de lo mismo, sabiendo que si buscamos de igual modo, mirando la realidad con las mismas gafas, y analizando con las mismas herramientas, incluso utilizando métodos y variables que pueden padecer cierta  obsolescencia, los resultados no van a variar mucho de lo que ya conocemos. 

Así que me parece que sería tal vez conveniente que atendiéramos al PIB para ver "cómo vamos", y también a lo que llamo el "Producto Emocional Neto" (PEN) para ver cómo nos sentimos. Si viéramos la conexión que existe entre ambos indicadores, el primero ya está muy configurado, el segundo es para mí algo más que una ocurrencia;y si trabajásemos en paralelo con ambos, tal vez pasaba algo distinto. 

Todo esto viene tras la sensación de que nos empeñamos en buscar cosas en la cesta inadecuada. Mientras, el PEN sigue creciendo, pero lo consideramos una consecuencia lógica de lo que hay.

23/6/14

Relatemos

La actualidad nos obstaculiza ver, oir, sentir y pensar el presente.

Ese atropello de noticias, eventos, ocurrencias y situaciones de todo tipo, nos atrapa en la vorágine de lo último sucedido, de la última frase dicha o la última acción llevada a cabo; de manera que nos enreda y nos aleja de una mirada lúcida del presente.

Pero, no solo nos dificulta "estar en el presente", además, nos aleja de la posibilidad de decidir hacia dónde queremos ir, cómo podemos hacerlo, con quienes hacerlo y en qué plazos.

Seguir anclados en la actualidad, seguir siendo prisioneros de la ideología "actualista", nos fija en la sensación de miedo, de parálisis y de impotencia. 

Todo ello apoyado en el sentimiento de que son los otros los que hacen y nosotros solo podemos esperar que hagan y "dejarnos hacer". Ésta es la mejor manera de seguir en lo mismo, para encaminarnos a lo peor.

Estar en el presente implica ver lo que sucede para, a partir de ahí, encaminarnos a proyectos y objetivos futuros, que nos permitan salir de la situación actual y construir futuro. Es decir, generar un relato colectivo que sea diseñado, asumido y participado por todos (o, al menos, la gran mayoría), de manera que canalicemos nuestras energías en una mirada común.

Claro que para ello es necesario hablar. Pero no desde la prisa, la crispación o "el tú más", sino desde la serenidad, la solidaridad y la responsabilidad. Eso, a pesar de nuestro mundo interconectado, o precisamente por ello, no lo sé, es algo que ahora no tenemos y que es fundamental conseguir.

Hace unas semanas colgué un post en el que señalaba la falta de relato en estos momentos y que era a la vez un síntoma y un déficit de la situación en la que nos encontramos. Generar relato es generar realidad, crear y dinamizar realidad, y ello pasa por una decisión individual y colectiva que a todos nos afecta y nos compromete.